
Al escribir estas líneas, no puedo evitar que me invada un estado de felicidad absoluta. Y no solo porque el lugar que visitamos tiene la belleza natural más sublime existente, sino también porque se hizo realidad un gran sueño.
Con ello me traslado a momentos en los que mi cuerpo vivió sensaciones jamás vividas anteriormente.

Solo tengo que cerrar los ojos y volver a evocar recuerdos e imágenes, tele transportarme hacía ese lugar del planeta, para sentirme afortunada de haber estado allí, y haber hecho realidad un gran sueño.
Aunque hemos estado en lugares de gran belleza paisajística, como por ejemplo; nuestro adorado Norte de España, la gran Noruega, el Este de Canadá, o la increíble Alaska, este rincón de la madre tierra, en el Oeste de Canadá, logró conquistarnos de una manera excepcional.

El inicio en la red
Todo comenzó con mi inicio en las redes sociales. Por mi estilo de vida llegué un poco tarde a esto de la tecnología.
A menudo solía decir «esto no es para mí», o «no necesito amigos virtuales»
Por otro lado, tenía un hobbie que me entusiasmaba, que en mi caso era y sigue siendo la jardinería, y sobre todo las labores de costura.
Alguien me sugirió, que echara un vistazo a la aplicación Pinterest. Plataforma donde puedes colgar tus fotos además de coger ideas con las de los demás. Este fue el momento de mi bautizo en las redes, madre mía!! menudo descubrimiento.

Para la gente más joven este hecho puede resultar gracioso, pues para ellos internet y las redes sociales, tienen cabida desde el inicio de su adolescencia o niñez.
Sin embargo, en mi caso y en la de muchos de mi generación, nos ha costado adquirir el rol de hiper conectividad.
Algo que poco a poco hemos ido subsanando y llenando nuestra vida de plataformas digitales. Tener un buen uso de ellas nos hacen la vida más fácil, y en muchas ocasiones más amena.

Esto sí es para mi
Pues bien, Pinterest es la culpable de que me enamorara de estos paisajes del Oeste Canadiense. Numerosas fotografías de inmensos lagos azules, verde esmeralda, cascadas infinitas y la sublime imagen de las montañas rocosas.
Todas ellas me hicieron suspirar mientras me preguntaba si aquellos lugares existían de verdad, aún así por aquel entonces ni siquiera me planteaba que pudiera ir algún día a conocerlos.
Desde siempre me he considerado una persona de pocas aspiraciones, sencilla y feliz con mi entorno.
En otras palabras tenia la absoluta certeza que aquello no era para mí. Le ponía pegas a la lejanía del lugar, a no saber idiomas, y por supuesto a la inversión económica.

La pasión mueve montañas
En la vida todos tenemos un momento en el que nuestro cerebro hace «clic», el mío llegó a los 40 años, un duro golpe sacudió violentamente nuestras vidas, cambiando así todas las perspectivas que teníamos hasta entonces.
En un deseo de olvidar y evadirnos de lo que nos marcó profundamente empezó la aventura de viajar, podríamos decir a gran escala, hasta ese momento tan solo habíamos hecho pequeños viajes por nuestro país.
Nos embarcamos en un maravilloso crucero por los Fiordos Noruegos, y ya no pudimos dejar de viajar, pues encontramos uno de los puntos clave. Una pasión que nos hacía sentir sumamente felices.

El gran sueño, se hizo realidad
Pero volvamos al punto de cómo llegó a nosotros esta increíble aventura de las Montañas Rocosas.
Después de realizar diversos viajes, tres de ellos al extranjero, sin saber nada de inglés. Descubrimos que no pasa absolutamente nada, en el idioma de signos todo el mundo te entiende, y la sonrisa es universal.
En todas partes hay gente dispuesta a ayudarte, que existen multitud de herramientas en internet que son muy útiles, etc..
Todo esto hizo que después de la gratificante travesía en crucero por Noruega, en mi cabeza surgiera la idea de cumplir un gran deseo, visitar Alaska, también en barco. Y que seguidamente me vinieran a la mente las fantásticas imágenes de las rocosas que cuidadosamente había guardado en mi tablero de Pinterest. Comenzando así, sin saberlo mi gran sueño.
En la preparación del viaje a Alaska, valoramos la posibilidad de continuar con un road trip por el resto del país, antes o después del crucero.
Hecho que desestimamos por las malas conexiones hacia y desde España. El trayecto constaba de varias escalas con el consiguiente elevado precio. Y es entonces cuando surgió la idea, ya que el inicio y final de nuestro crucero recalaba en Vancouver, a 900 km del Parque Nacional Banff.

No poner límites
Descontando los días del crucero, tres días en Vancouver y los trayectos de avión, nos quedaban cuatro días para disfrutar de este parque, por supuesto después de lo visto, insuficientes, pero a los que sacamos muchísimo partido y que te invito a descubrir porque sí como a mí, este es un lugar que se repite en tus sueños.
Ya de paso, te insto a que persigas lo que deseas, en cualquier faceta de tu vida, por grande que sea, por difícil que parezca. A la hora de cumplir un gran sueño, muchas veces nosotros mismos nos ponemos limitaciones infundadas, sin darnos cuenta que cantidad de momentos felices nos esperan ahí fuera.
Puedes comprobar la espectacularidad de este viaje en ;
Banff, puerta de entrada a las Rocosas
Lake Louise, explorando toda su belleza


