
Visita a los Jardines Butchart. Esta es una adorable excursión que puedes realizar si estás de paso en la ciudad de Vancouver.
Así mismo, es una atracción popular en las escalas de los cruceros que recorren el pasaje interior, camino de Alaska.
En nuestro caso, y para nuestra segunda jornada en Vancouver, elegimos contratar una excursión con guía de habla hispana, con el fin de conocer esta bonita ciudad.
El itinerario que realizaba nuestro crucero por Alaska, no incluía este puerto. Por este motivo y al preparar nuestro viaje con antelación, comprobamos que incluir esta visita en nuestra lista, podría ser muy interesante, así pues, no quisimos perder esta ocasión.
Para ello, contratamos desde España y a través de una conocida app de excursiones, Civitatis. Gracias a su enorme plataforma ,te brinda la oportunidad de hacer las actividades más recomendadas y con las mejores agencias de tours de la zona.
Consulta y reserva para tus fechas, la actividad en español para la visita a los Jardines Butchart.
Ten en cuenta, que este tipo de tours se suelen realizar con otros viajeros, para que el precio resulte más económico.
Hecho que verificamos con nuestros acompañantes, y que nos hizo darnos cuenta de la decisión acertada, en este caso, de contratar antes de salir de casa, pues ellos pagaron un precio superior por el mismo tour.
Nuestra ruta comenzaba a las 8.00 a.m. en el hall del hotel.

Anécdotas de viaje
En la preparación para salir durante todo el día del hotel y la ciudad, empezó a sonar una alarma en el edificio hotelero.
Tan sólo eran las 6.30 a.m. y nuestra habitación se encontraba en el piso 11, nos percatamos de que aquello significaba que nos avisaban de un posible incendio.
Apresuradamente y a medio vestir conseguimos recoger al menos lo indispensable, como el dinero, pasaporte y ropa de abrigo.
Menos mal que siempre previsores, todas las noches preparamos las mochilas con todo lo necesario para el siguiente día, así como las prendas de vestir, que cogimos apresuradamente y nos terminamos de poner por el camino.
Corrimos sin descanso escaleras abajo los once pisos, donde nos cruzamos con gran cantidad de huéspedes, igualmente alterados por la situación.
Por suerte ni rastro de fuego, menos mal, aunque sí detectamos un fuerte olor a humo.

Al llegar al hall, lo encontramos repleto de huéspedes. La gran mayoría a medio vestir, en pijama, descalzos… A niños y mayores la alarma les había pillado todavía en la cama.
Con el susto en el cuerpo, la gente se agolpaba en la recepción deseando saber qué ocurría, como ya hemos dicho anteriormente nuestro dominio del inglés, no es muy bueno, así que no nos enteramos de casi nada. ( le estamos poniendo remedio)
El nerviosismo del primer momento se calmó en cuanto pudimos comprobar que por lo menos no había llamas. Con la llegada de los bomberos nos echaron a todos a la calle.

Se acercaba la hora en la que debían recogernos y decidimos que igualmente íbamos a realizar nuestro recorrido. Teníamos con nosotros todo lo necesario, además de los objetos valor, por lo tanto nada nos ataba a quedarnos.
Podían ocurrir dos cosas, que el incendio fuese real y que al volver nos encontráramos con algún impedimento para recoger el resto de nuestras cosas, o que no hubiese pasado nada, como así fue.
De cualquier manera, no hubiésemos solucionado nada quedándonos. Por lo tanto lo mejor fue seguir con la ruta marcada y disfrutar de nuestro viaje. Eso sí, con la incertidumbre todo el día de qué habría pasado.

Travesía por el estrecho de Georgia
Esta bonita excursión para tu visita a los jardines Butchart, la puedes realizar también por tu cuenta, aunque la salida del ferry está algo alejada de la ciudad.
Y por lo tanto hay que coger distintos transportes, para llegar hasta allí.
Te comento para tu interés, que a nosotros al contratarla desde casa, no nos resultó muy cara, teniendo en cuenta la duración de la misma y los accesos que incluye.
La potente ruta dura cerca de doce horas, en el precio se incluyen todos los traslados, los billetes de ferry más la entrada a los jardines.
Por otro lado cuenta también con la ventaja de que en todo momento el guía te va relatando con todo detalle lo que estás viendo, historia del lugar, anécdotas y costumbres, lo cual resulta interesante siempre.
Puedes realizar también esta excursión en hidroavión, con unas vistas espectaculares del estrecho de Georgia. Admirando a vista de pájaro la costa del Pacífico, y la gran cantidad de islas que rodean a esta impresionante ciudad.
Posteriormente la vuelta se suele realizar en ferry. Consulta precios por que si te lo puedes permitir es altamente interesante.

Otra peculiaridad cuando contratas tours con otros viajeros, es la conocer a gente interesante.
Nuestros acompañantes eran una pareja brasileña que había recorrido medio mundo. En el camino nos contaron multitud de experiencias viajeras y de la vida, pues eran bastante mayores.
Escuchándolos sentí una envidia sana, por el espíritu aventurero que desprendían.
Nos trasladamos en un minibús a coger el ferry, en la terminal Tsawwassen a 38 km de la ciudad de Vancouver.
Después de un trayecto de 90 minutos navegando por el Estrecho de Georgia, habrás llegado a la vecina Isla Victoria.
En este lugar será donde podrás realizar la visita a los Jardines Butchart. Objetivo principal de esta excursión.

Si decides hacer esta excursión por tu cuenta, hay servicios de ferrys varias veces al día.
Si lo que quieres es llevarte tu coche lo mejor es hacer reserva anticipada. Una vez en la isla, la terminal también se encuentra a 32 km del centro.
Los ferrys son grandes y muy cómodos, con servicios de restaurante y salones panorámicos para recrearte mientras disfrutas del pasaje.

Y eso hicimos, disfrutar. Este fue nuestro primer contacto con el pacífico, se trata de una travesía corta, pero que te brinda la posibilidad incluso de ver fauna salvaje.
Esta es un área frecuentada entre otras especies por ballenas. No tuvimos la gran suerte de ver ningún cetáceo, aunque sí salieron a saludar algunas simpáticas focas.

Islas del Golfo
Aquí se une una vez más, la agradable travesía en barco con la admiración de todo lo que ves alrededor.
El Estrecho de Georgia está salpicado por multitud de islas, conocidas como Islas del Golfo, con lo cual no dejas de ver costa terrestre en ningún momento.
En algunas ocasiones verás grupos de casas formando bellas poblaciones, y en tantas otras veces, casas aisladas con el gran marco de naturaleza salvaje a su alrededor.

La llamada Isla Victoria, realmente es una población de la Isla más grande de la costa Oeste de Norteamérica.
Y que a su vez es la segunda más poblada de Canadá, la Isla de Vancouver.
Aquí se refleja lo que es el resto del país, con unos paisajes impresionantes, largas playas y majestuosas montañas.


En poco más de una reconfortante hora y media llegamos a Isla Victoria. Acto seguido nos dirigimos en el minibús hacía los famosos jardines, preparados para nuestra visita a los jardines Butchart.
Durante el trayecto el guía nos sigue contando anécdotas e historias, así como costumbres. Una muy curiosa que nos llamó la atención son los puestos de venta que se ubican en las puertas de casas y granjas.
En ellos ofrecen productos frescos como verduras y huevos. Tan solo un pequeño mostrador, un cartel con el precio y la caja donde depositar el dinero.
Posteriormente, en otros viajes, hemos podido comprobar que esta forma de hacer negocio es común en muchos países.
Aquí en España ya digo que es imposible, por desgracia no existe este rol en nuestra cultura.

El transcurso de la ruta hasta el parque o jardín ya era todo un sueño. Las carreteras rodeadas de gigantescos árboles, profundos bosques, grandes extensiones de naturaleza sin construcciones ni edificios.
La arquitectura de Victoria destaca por ser de edificios bajos y arquitectura tradicional. A diferencia de su vecina Vancouver donde predomina la arquitectura moderna, con grandes rascacielos.
Estos paisajes te evocarán a otra época, cuando todo era una zona virgen por explorar.

Visita a los jardines Butchart
A nuestra llegada a los famosos jardines, el guía es quién se encarga de sacar nuestras entradas y pagar el parking.
Todo ya incluido en el precio de la excursión, y otra vez un aplauso, nos dieron folletos en español.
Yo estaba emocionada, soy una gran amante de la jardinería ornamental. Las fotos que había visto de este lugar eran fascinantes, estaba deseando introducirme en este inmenso jardín y deleitarme con tanta belleza.

Si eres de los que piensan que con estas excursiones vas muy deprisa, que no te da tiempo a ver nada, te diré que no fue nuestro caso.
El guía nos explicó la historia del lugar, nos acompañó un ratito y luego nos dejó a nuestro aire. Lo vimos todo todo, e incluso nos dio tiempo a entrar a la tienda de regalos que es alucinante, no he visto otra tienda igual.

Esta famosísima excursión, tiene todo lo necesario para pasar unas cuantas horas recorriendo el jardín.
Hasta tres restaurantes dan cabida al millón de visitantes que recibe cada año este escenario tan bello.
No obstante si llegas temprano te da tiempo a verlo antes de ir a comer a la cercana Victoria, y así tener un día completo.

Un jardín histórico
La historia de este lugar se remonta hacia 1904, cuando el esposo de la señora Butchart, abandonó los trabajos en su cantera de piedra calcárea. Entonces Jennie Butchart decidió dar un mejor aspecto al terreno.
Comenzó cultivando rosas, su flor favorita. En 1906 creó un jardín de diseño japonés con la ayuda de un jardinero, otorgándole un nuevo aspecto a la cantera. Y no fue hasta 1910 cuando Jennie comenzó a embellecer con flores el que llamó jardín hundido.
Con su buen gusto dotó de un gran estilo inglés, al enorme hoyo donde se encontraba la piedra caliza de la antigua planta de cemento.

Después, siguió el jardín de estilo italiano, el mediterráneo y así hasta conseguir dotar a toda la propiedad de una gran área creativa.
En la lista se pueden encontrar una gran combinación de arbustos, árboles, plantas y flores exóticas, traídas de todas partes del mundo por esta pareja, gran aficionada a los viajes.
Hoy día la familia Butchart sigue explotando la propiedad. Convertida en un gran negocio con miles de visitas cada año.
No en vano es uno de los jardines más bonitos del mundo, y designado sitio histórico de Canadá.


Un trazado mágico, define la visita a los jardines Butchart
Todo el recorrido se encuentra muy bien marcado. Puedes seguir la ruta con las indicaciones y con la ayuda de la guía que te aportan para no perderte detalle.
Los visitantes en silla de ruedas cuentan con su propio recorrido.

Quizás la mejor época para visitar este museo al aire libre sea el verano, para ver el jardín de rosas en todo su esplendor.
Nosotros lo hicimos a finales de Mayo y tan solo unas pocas variedades habían florecido.
Aún así la primavera es una época maravillosa para observar miles de floraciones de infinidad de especies.
Por el contrario la gran ventaja, no sufrir tantas aglomeraciones de turistas como en la temporada alta. Este es un punto a tener muy en cuenta en sitios con un alto reclamo turístico.

Pon a punto tu cámara de fotos y prepárate para deleitarte con colores y fragancias varias.
Agudiza tu oído y disfruta con el canto de los pájaros. Explora rincones donde dan ganas de perderse.
Percibe el frescor del agua de las fuentes. Siente la tranquilidad, la paz y el sosiego que transmiten…estos centenarios jardines.

Bienvenido al jardín
La visita a los jardines Butchart comienza justo al lado de la plaza donde se sitúa la antigua residencia familiar, desde aquí atravesando una pérgola llegamos al jardín hundido.
Impresiona la vista desde lo alto, atento porque te hechizará también cuando lo atravieses y te sorprendan los colores en cada curva y rincón.
Te confieso que me hubiese quedado aquí para siempre.
No pierdas ni un solo detalle, no solo del camino marcado fíjate también en los mini bosques laterales, adornados con figuras de animales.

Si viajas con niños hay un colorido carrusel de madera con 30 caballos labrados a mano, una autentica preciosidad.
Justo a continuación se ubica una amplia y verde pradera, donde los fines de semana de verano se disparan fuegos artificiales.
Estos jardines también son un auténtico espectáculo por la noche, tenlo en cuenta si vas en crucero y tienes una escala en esta isla.


Continuando con nuestra visita a los jardines Butchart, nos adentramos en el jardín de rosas, y aunque no se encontraba en plena floración, este hecho no le restaba belleza.
Cada rosal está identificado con su nombre y origen, así como el año de registro ante la sociedad de rosas de Estados Unidos.



Otro de los más bellos rincones sin duda es el jardín japonés. Este fabuloso enclave cuida todos los detalles de diseño al más puro estilo nipón.
Un espacio para relajarse con sonidos de agua y especies de plantas no tradicionales. Como por ejemplo las amapolas azules del Himalaya, originariamente sembradas por la señora Butchart.



Continuaremos por sinuosos caminos, bordeados por los más grandes y antiguos del lugar, Secuoyas, Arces, y Abetos son los protagonistas del paso del tiempo.
Más adelante, el bello jardín inglés. Una gran extensión de prados verdes y elementos de piedra decorativos, estanques y rocallas.
Por supuesto, no nos olvidemos del jardín italiano, donde antiguamente se ubicaba la cancha de tenis de la mansión.
En ese momento pudimos observar a los operarios de la finca en la preparación de nuevos arriates.
Arduos trabajos que sin duda, decorarán con bellas combinaciones de colores para sorprender a los futuros visitantes.


El recorrido de la visita a los jardines Butchart termina donde empezó, en la plaza del edificio principal, la antigua casa.
En este lugar se sitúan varios restaurantes, cafetería y oficinas.
Como todo museo, en este caso al aire libre, también tienen su particular tienda de regalos. Dedicada como no, a la decoración de jardines, la cual te diré que no te olvides de visitar.
Junto a ella se localiza un pequeño invernadero, con una ventana panorámica para observar y hacer fotos.



Mi conclusión para este lugar; es una excursión ideal y muy bonita, a mí me encantó.
Claro que yo soy una gran aficionada a la jardinería, tengo verdadera pasión por las plantas y flores. Así que mi opinión en este caso no puede contar porque te lo voy a recomendar sí o sí.
Si haces una escala en crucero, la visita a los jardines Butchart es muy recomendable, junto a la que harás al centro de la ciudad de Victoria, lugar dónde nos dirigimos a continuación.
Victoria, Canadá

Esta considerada la ciudad más británica de Canadá, y se puede decir que Victoria, capital de la Columbia Británica, va mucho más allá de sus raíces europeas, asiáticas o indígenas.
Probablemente su ubicación, su arquitectura dotada de coloridos edificios de estilo inglés, su puerto elegante y un ambiente bohemio, la han catalogado durante años, como la ciudad de retiro elegida por los canadienses.

Fisherman´s Wharf, coloridas casas flotantes
Nuestro primer contacto con esta preciosidad de ciudad fue la parada para comer en el Fisherman’s Wharf, el muelle de los pescadores.
Con sus pequeñas casas flotantes de madera que parecen casitas de muñecas.
Aquí encontrarás numerosos restaurantes y quioscos, lugar perfecto donde degustar el fish and chips más fresco y rico de toda la ciudad.


El guía nos dejó un espacio para nosotros, no sin antes darnos las recomendaciones adecuadas para dar un agradable y productivo paseo por los alrededores.
Quedamos con él unas horas más tarde en un punto de referencia, donde nos recogerá para finalizar nuestra excursión.
Nos recomendó exhaustivamente comer en este lugar, opción que resultó ser todo un acierto junto al agradable paseo que dimos a continuación.
Las callecitas de este singular puerto, resultan de lo más encantadoras.
Gran parte de ese encanto se lo proporcionan sus casas flotantes, cuyas fachadas están pintadas de divertidos colores, así como decoradas con elementos originales y en algunos casos estrafalarios.
Supongo que para entretener al visitante curioso y competir entre ellas a cual más llamativa.
Una vez concluido el exquisito almuerzo nos deleitamos desde aquí con las mejores vistas de la ciudad.





Algunas agencias ofrecen excursiones que parten desde aquí, con la posibilidad de avistar fauna salvaje, como ballenas y orcas.
La temporada ideal para el avistamiento comienza en marzo y dura hasta finales de octubre.
Las compañías ofrecen tours en barcos y en lanchas zodiac, donde es posible acercarte más a las ballenas.

El agua es el centro neurálgico de Victoria. Tal como nos explicó nuestro guía, nos dirigimos al encuentro de un relajante sendero que bordea toda Bahía de James y que te acerca al elegante puerto Inner Harbour.
Una vez allí, verás atracados diferentes tipos de embarcaciones, incluidos lujosos yates, taxis náuticos, y los ya nombrados hidroaviones que llevan a Vancouver.




Victoria, sede de la Columbia Británica
Este adorable paseo discurre entre lujosas residencias con espectaculares jardines, así como también por algunos hoteles históricos.
En unos minutos, llegamos al gran edificio que alberga el parlamento, sede de la Asamblea Legislativa de Columbia Británica.
Situado frente al puerto en una verde explanada, es un excelente punto de descanso para admirar el lugar donde la reina de Inglaterra se reunía con el primer ministro de la Columbia Británica.
A su lado, flamante e imponente, el famoso y antiguo hotel Fairmont Empress.
Un lujoso edificio de estilo castillo que le da el aire de máximo esplendor y glamour a todo el conjunto.


En Victoria, hay además otros edificios y lugares históricos dignos de visitar, y que lamentablemente nosotros no pudimos dedicar mucho tiempo.
Sí que cumplimos con la tradición de tomar el té de las cinco al más puro estilo inglés, y nos quedó un ratito para callejear por la arteria comercial.
Y finalmente realizar unas cuantas fotografías antes de reencontrarnos con el guía, para comenzar el camino de regreso.
Esta vez por una ruta diferente cargada de sorpresas.


Más visitas en Isla Victoria
Otras opciones si dispones de más tiempo, es la visita al Museo Real de la Columbia Británica. En el que se incluye en entre otras, una gran muestra sobre la historia y el arte de los primeros pobladores de la región, «las primeras naciones».
En la muestra, una de las más completas del país, se encuentran tótems, esculturas, máscaras, textiles e incluso un gran kayak que elaboraron los nativos.
Aquí también se refleja su historia, cargada de injustas expoliaciones, expulsiones de sus tierras, privaciones de explotación,… perder el derecho a hablar su propia lengua, así como la segregación de las familias, separando a miles de niños de sus padres.
Por distintos puntos de la ciudad se pueden disfrutar de varios tótems, en un claro homenaje a las primeras naciones.

A la entrada de la calle de Fisgard, encontramos la portada del barrio chino.
Uno de los más antiguos de Norteamérica, considerado por ello sitio histórico de Canadá, los inmigrantes asiáticos llegaron a Vancouver alrededor de 1860.

Otro lugar popular en esta visita que nosotros no hicimos es, Craigdarroch Castle.
Se trata de una suntuosa casa de cinco pisos, con forma de castillo construida en lo alto de una colina desde la que se observa Victoria.
Esta edificación es la ostentosidad de Robert Dunsmuir, un inmigrante escocés que llegó en 1850 a la isla de Vancouver y que hizo fortuna explotando una mina de carbón.
Murió antes de terminar la obra y a lo largo de los años el palacete ha pasado por diversas manos. Sus innumerables salas han servido a lo largo del tiempo para albergar hospitales, colegios y conservatorios.
En la actualidad es un museo donde se exponen piezas que describen la historia de Victoria. Muestras de fotografías de época, cuadros, muebles, y numerosos libros.


Terminado nuestro breve paseo por la ciudad nos dirigimos en dirección este, hacia los barrios de alto standing.
A lo largo de la costa tendrás vistas increíbles al océano.
Junto a él se alinean suntuosas casas de estilo señorial. Todas ellas rodeadas de grandes jardines, en algunos incluso se ven ciervos pastando en libertad.
No tuvimos la oportunidad de fotografiar el momento, pero fue curioso a la vez que encantador.



Milla «0»
Beacon Hill Park, es otro de los puntos interesantes de esta localización. Se trata de un gran parque muy bien cuidado, con largos senderos, y cuyo interior alberga un parque de agua.
Nosotros nos quedamos a las puertas, donde se encuentra el punto de referencia, la milla «0».
Se trata a modo figurativo del comienzo de la autopista transcanadiense. Icónica carretera del continente americano que tiene una distancia de cerca de 8000 kilómetros, y que recorre el país de Oeste a Este.
En este lugar encontramos también un monumento al esfuerzo y la tenacidad en la figura de Terry Fox.
Este joven canadiense fue diagnosticado de cáncer con 18 años, en la década de los 80. La enfermedad es la causante de la amputación de su pierna derecha, pero este hecho no le paraliza, es más, lo impulsa de forma valiente a realizar una carrera, con una prótesis instalada en su pierna.
Este amante del deporte recorrió miles de kilómetros, atravesando toda Canadá con el objetivo de recaudar fondos para la investigación de esta enfermedad.
Desde el Este del país se propuso recorrer alrededor de 42 kilómetros diarios, llegando a superar los 5.373km.
Convertido en héroe nacional como ejemplo de las mejores cualidades de los seres humanos, ya que decide luchar no por él mismo, sino por aquellos que en el futuro sufrirían de esta terrible enfermedad.
En el lugar en que Terry debía haber finalizado su carrera, se erige este monumento. La enfermedad le ganó la partida y se lo llevó con tan sólo 22 años.
En todo el país se recuerda a este héroe dando su nombre a numerosas carreras deportivas.

Hasta aquí esta preciosa excursión, donde los resultados obtenidos respecto a las expectativas han resultado ser muy satisfactorios.
Comenzamos nuestra visita a los jardines Butchart y quedamos absolutamente encantados. Después la adorable ciudad de Isla Victoria nos enamoró, y finalmente terminaron de conquistarnos los paisajes del camino.
Llegados a este punto déjame recomendarte encarecidamente esta excursión con guía.
Sinceramente, cambia muchísimo la perspectiva en lugares como estos, con una gran carga histórica.
Cuando te explican con detalle, tienes la posibilidad de conocer de cerca culturas, tradiciones, o como en este caso, las injusticias de la persecución de un pueblo.
Tener conciencia del pasado y reconocer el daño que se ha infligido, nos hace tomar conciencia, para que no se vuelvan a cometer los mismos errores.
En los últimos años los políticos han llegado a acuerdos de «reconciliación».
El gobierno de Canadá ha pedido disculpas por los tratos vejatorios a la población indígena en todo el país.

Comenzamos nuestro regreso a Vancouver. En esta ocasión nos decantamos por las cómodos sillones del ferry, para contemplar desde las cristaleras el bello paisaje.
Nos dimos el placer de descansar y disfrutar de la travesía.

A nuestra llegada a Vancouver, nos despedimos del guía dándole su merecida propina, y por supuesto de nuestros peculiares acompañantes.
Considero una verdadera suerte, poder compartir ruta con gente tan simpática, e ilusionada por viajar con una cierta edad.
A lo largo del tiempo me he acordado mucho de ellos, me gusta cuando te encuentras con personas que te dejan huella por alguna razón.
A nuestra llegada al hotel, lo primero que hicimos fue interesarnos por el incidente de la mañana. Nos dejaron tranquilos sabiendo que no había pasado nada más allá de una mera anécdota, todo ok.
Así, tras una gran jornada nos dispusimos a descansar y cenar, nuevamente visitamos el super de enfrente del hotel.
Hoy superamos con gran éxito el nivel de felicidad.
Nota: Este itinerario es previo al crucero que realizamos por Alaska, con salida desde Vancouver. Unos días más tarde continuamos por las Montañas Rocosas, pincha en los enlaces para saber más.
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