
La gran urbe de Vancouver
La ciudad de Vancouver ha sido declarada en varios estudios y de diferentes ámbitos, como una de las cinco mejores ciudades del planeta para vivir.
Entre estas razones, destaca su ubicación entre montañas y la costa del pacífico, que la dotan de unas temperaturas relativamente suaves en invierno si las comparamos con otras ciudades de Canadá.
Otro uno de sus grandes atractivos, es que cuenta con una gran extensión de playas. En ellas se pueden realizar cantidad de actividades al aire libre, tanto en verano como en invierno.
Si además a esta lista sumamos, disponer de un inmenso parque urbano con infinidad de senderos para pasear, hacer rutas en bici o patinar, rodeados de naturaleza. Sin lugar a dudas estamos hablando de una urbe con muchas posibilidades para la sociedad actual.
Y es que en Vancouver además, se puede disfrutar de la nieve en una estación muy cercana a la ciudad. A tan solo una hora de distancia, encontramos uno de los centros de deportes de invierno más importantes de la costa oeste de Canadá.
Y como no, otro de sus alicientes, practicar senderismo en cualquiera de las montañas adyacentes.
Finalmente, hay que añadir otros valores según los encargados de este estudio. En el que se declara a la ciudad de Vancouver, con un alto valor en calidad de vida.
Estas valoraciones son por ejemplo, el entorno político y social, así como las áreas de la salud, las infraestructuras y la sostenibilidad.
No obstante, las autoridades locales y la población está muy concienciada a este respecto, y se han hecho cambios para conseguir que la ciudad sea lo más sostenible posible.


Vancouver, dispone de una excelente red de transporte público y sostenible. Existe una gran concienciación por parte de los ciudadanos de usar menos el coche y más la bicicleta. Fomentando con ello además, un estilo de vida saludable.
Esta ciudad respira un ambiente muy moderno, no obstante, es una ciudad relativamente joven, formada en gran medida por inmigrantes.
Así pues, es multicultural, con una diversidad en cuanto a lenguas, costumbres, gastronomías, etc. que se han mezclado con la cultura nativa. El arte es también uno de los espacios importantes dentro de esta vanguardista ciudad.
Está considerada la ciudad más cara de Norteamérica, pero también una de las ciudades más seguras del mundo. Su oferta laboral es amplia y los salarios son elevados, así que ya sabes, todo esto y mucho más ofrece esta apasionante ciudad.
Tanto si te atrae visitarla, o si por el contrario la utilizas de escala de algún crucero, como fue en nuestro caso, quedarás encantado con tu visita.

De Vancouver a …
Muchos viajeros unen en sus itinerarios Vancouver y los Parques Nacionales Jasper y Banff. La distancia entre estos dos destinos canadienses cubre unos 900 kilómetros, que puedes realizar en avión, como posteriormente hicimos nosotros, así como en tren, en autobús, en vehículo propio o de alquiler.
Este maravilloso trayecto, atraviesa tres cadenas montañosas, la de la costa, la de la Columbia Británica y las Montañas Rocosas. Encontrando paisajes diferentes a cual más hermoso y espectacular.
Otro de los destinos favoritos, cercanos a Vancouver, sobre todo por los amantes de los deportes de invierno, es el centro de esquí más grande de América del Norte.
Situado en Whistler, al norte de Vancouver, además del esquí y el snowboard, el área ofrece snowshoeing, deslizamiento en trineo y saltos en esquí en el Parque Olímpico.
Esta estación de esquí, fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno Vancouver 2010.
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Que hacer en Vancouver
Vancouver cuenta también, con una importante terminal de cruceros. Por esta razón, conocimos esta bonita ciudad.
A continuación paso a relatarte algunas de las actividades más populares, que conseguimos hacer justo antes de zarpar hacia las tierras lejanas de Alaska.
Nuestra llegada a Vancouver tres días antes de embarcar, nos permitió realizar dos excursiones populares de la zona.
Visitar la próxima Isla Victoria, capital federal de la Columbia Británica y conocer el parque donde se encuentra el Puente Capilano.
Ambas son el TOP de cosas para hacer en Vancouver. Además nos sobró algo de tiempo para conocer un poquito esta gran ciudad.
Conoce todas las actividades que este ofrece esta interesante ciudad, para no perder detalle.
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Elegimos alojarnos en la zona sur de la arteria principal de la ciudad, Granville Street. Este hecho, nos permitió conocer la zona más concurrida y festiva de todo Vancouver.
No obstante, es una zona algo más económica que el norte, donde se encuentran la mayoría de edificios comerciales, bancos y barrios residenciales.
Asimismo, y como ya te he nombrado, Vancouver tiene una red de transporte público excelente para desplazarte.
La primera toma de contacto, como no podía ser de otra forma, fue para alimentarnos. Después de más de 10 horas de vuelo desde París, más las que sumamos desde la salida de Valencia, en España, nuestro cuerpo pedía comida.
Lo que ya no teníamos tan claro era si era hora de comer o de cenar, el jet lag estaba haciendo su efecto.
En esta misma calle hay infinidad de oferta de restauración para todos los gustos. Nosotros nos decantamos para empezar por lo más típico, y que resultó ser una excelente opción, una riquísima y genuina hamburguesa.


Bahía de los Ingleses
Una vez hicimos el check in en el hotel, nos decidimos por un paseo a lo largo de la costa. Una localización muy popular y cercana a nuestra ubicación, la bahía y la playa de los ingleses. Una excelente manera de empezar a conocer esta ciudad.
Cruzando el Granville bridge, se accede a Granville Island, donde lo más visitado es su mercado público. Se localiza aquí, un pintoresco lugar repleto de tiendas con artesanía local, flores, productos frescos, y locales donde tomar un tentempié.
Nosotros lo observamos desde la distancia, en un ángulo perfecto con la bahía de fondo y enmarcado por el Burrard Street Bridge.
Por otro lado, desde este lugar puedes coger un pequeño ferry, llamado sea bús, que recorre la bahía, una divertida manera de tener otra perspectiva de las vistas.


La Bahía Inglesa se encuentra entre el Estrecho de Georgia y el centro de la ciudad, es un lugar muy famoso por sus playas y por el festival Celebration of Light, que tiene lugar cada año.
La English Bay Beach, es un lugar de recreo, de ocio, de encuentro, etc…Nos encantó este lugar, porque se respiraba un gran ambiente.
Había muchísima gente paseando o tomando el sol, realizando barbacoas, en bicicleta, en patines, paseando a sus mascotas… Sobre todo, mucha gente joven, quizás estudiantes, que se alojan cerca de esta zona por ser la más económica y popular.

Finales de Mayo fue la fecha que nosotros visitamos Vancouver, una época primaveral que nos recibió con una temperatura más que agradable, rozando los 20 grados.
Con un resultado la mar de placentero al recorrer este paseo marítimo, donde se encuentra el monumento Inukshuk, símbolo de los inuit canadienses.
Sin dejar el borde de la costa, tenemos el primer contacto con el Parque Stanley. Aquí puedes ver, otro monumento de estatuas gigantes y sonrientes. Esta obra que responde al nombre de A-maze-ing Laughter, es del escultor Yue Minjun, y se encuentra en una de las entradas al parque.
Desde este punto al echar la vista atrás, tendrás una bella panorámica de la playa.
Igualmente, de los grandes edificios que asoman sus enormes cristaleras al mar, y numerosos grupos de gente charlando animadamente mientras disfrutan al aire libre.




Parque Stanley
El Parque Stanley es un gran parque urbano, visitado por más de 8 millones de personas al año. Es el parque más grande de Canadá y uno de los más extensos de Norte América, superando incluso a Central Park en Nueva York.
Se convirtió en parque en 1888, cuando se asentaron los colonos británicos y unieron la pequeña península a la ciudad de Vancouver.
Originariamente este parque era un bosque, que ha ido evolucionando a lo largo de muchos años. Más de medio millón de árboles centenarios ocupan esta extensión de cuatro kilómetros cuadrados.
Anteriormente, fue explotado por pueblos indígenas. Como prueba de ello se haya una exhibición con una colección de Tótems, donde se refleja su historia y cuyos originales se encuentran en museos para preservar su conservación.



Resumiendo, tienes mas de 200 km de senderos, entre carriles bici, para ir en patines o patinetes. Diferentes opciones que componen la red de caminos de este parque bien diferenciados, y separados del que utilizan los viandantes.
Además, a esta lista se suman, lagos, playas, áreas de juego infantil y el acuario de la ciudad entre otros. Todo ello, hace que este sitio obtenga un merecedor puesto en las actividades más recomendables para hacer en Vancouver.
Un súper agradable paseo es el que dimos nosotros, a través de caminos bien señalizados para no perderse, llegamos hasta Second Beach.
En este punto se encuentra una gran piscina para refrescarse en un entorno espectacular. Por otro lado, cuenta con zona de picnic, chiringuitos y baños públicos.
A continuación, nos introdujimos en el denso bosque hasta el Lago Lost. Sin perder detalle, observando tanto la flora local como la fauna.
Al final del camino podrás contemplar la bonita imagen del Skyline de la ciudad de Vancouver, rodeada de agua y montañas. Todo un espectáculo desde el oasis cercano que poseen los habitantes de esta ciudad.

Robson St
Desde aquí, continuamos hasta el hotel en una caminata de unos 20 minutos y que nos sirvió para seguir conociendo calles y barrios del centro como West End.
Esta es una relajada área residencial, muy conocida y frecuentada. Cuenta con numerosos cafés, tabernas, restaurantes y tiendas, que le confieren el toque de barrio popular de la zona.
Durante el paseo, teníamos la tarea de decidir que íbamos a cenar y donde. A lo largo de la calle Robson, encontrarás una gran cantidad de oferta de restauración.
Hay numerosos restaurantes de origen turco, indio, pakistaní, coreano etc… a nosotros es una gastronomía que no nos entusiasma demasiado.
Decidimos salir de allí, y bordear por otras calles menos atestadas de restaurantes y de gente. Para cuando llegamos al hotel, casi se nos habían quitado las ganas de cenar.
Finalmente, compramos unas cervezas en una tienda de licores, recuerda que no venden alcohol en el super, y una pizza en Domino’s. Cena que disfrutamos en nuestra habitación relajadamente.
El primer contacto con la ciudad resultó ser muy positivo.


Parque Puente Capilano
Para nuestra siguiente jornada en Vancouver, escogimos una excursión muy top, la visita al parque donde puedes cruzar el vertiginoso Puente Capilano.
Esta popular atracción es sencilla de hacer por cuenta propia, reserva aquí tu entrada, se encuentra en el norte de la ciudad y son varias líneas de transporte público las que te llevan hasta la entrada del parque.
Una de las paradas la puedes encontrar frente a la oficina de turismo, en Canada Place.
Nosotros decidimos contratar una excursión con guía. Conjuntamente con la subida al Monte Grouse, una cercana montaña con vistas espectaculares a la ciudad.
Si sumamos la entrada al parque y la subida en teleférico, además del precio de los transportes, merece la pena contratar este tipo de excursión. De esta manera, te evitas esperas y colas.
Por otro lado, se suma la ventaja de ir acompañado de un guía, que en todo momento te va dando explicaciones y detalles sobre las visitas.
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De camino al norte de la ciudad, atravesamos el Parque Stanley por el Lions Gate Bridge y nos encaminados por la Capilano road. Llegamos en poco tiempo a nuestro primer destino el Capilano Suspension Bridge.
Como siempre en este tipo de atracciones tan populares, la clave está en llegar de los primeros. Y aunque nosotros no hicimos cola por contratar por agencia, y además nos encontrábamos en temporada baja, la afluencia de turistas era bastante considerable.

Este centro de aventuras se encuentra en el Capilano River Regional Park, en un bosque poblado de enormes Abetos Douglas. Gigantes que alcanzan los 60 metros de alto y los 9 metros de diámetro y que para las Primeras Naciones tenían un significado mágico.
Un conjunto de pintorescos Tótems te darán la bienvenida en la entrada al parque. Algunos llevan aquí desde 1930, siendo esta una de las colecciones privadas más antiguas de Norteamérica, en un claro homenaje a las antiguas civilizaciones.

El impresionante puente colgante, cruza el Capilano River, un gran río salmonero. El singular puente, cuenta con una altura de 70 metros sobre el río y una longitud de 137 metros.
Atrévete a cruzarlo!!, porque disfrutarás de unas magníficas vistas. No mires hacia abajo si sufres de vértigo. Ten en cuenta que mientras aguantas el equilibrio se mueve, no te voy a engañar. Sin embargo, sentirás un subidón de adrenalina que te animará a seguir, hasta conseguir cruzar al otro lado.
Una vez realizadas las fotos de rigor, si es que consigues apartar a la multitud, la atención se centra en la telaraña de puentes y pasarelas suspendidas entre los árboles.
Sentirás volar entre sus copas a 30 metros del suelo, mientras estás rodeado de brutal naturaleza, con las gigantes coníferas como protagonistas. En la que será sin duda toda una aventura.



Una vez en tierra firme, el entorno te brinda la oportunidad de disfrutarlo.
Diferentes pasarelas de madera te adentran en el bosque, en un relajante paseo donde podrás sentir el abrazo de la madre naturaleza. Emociones que solo se sienten cuando te introduces en entornos tan únicos como estos.
El parque ofrece la oportunidad de visitas guiadas para conocer el ecosistema de la selva tropical de la costa oeste. Aprender sobre la flora, la fauna, así como sus características climáticas.
Sobre el terreno, también encuentras una exposición didáctica al aire libre sobre todos estos aspectos, y además se suma el placer de admirar un conjunto de aves rapaces en la zona denominada Raptors Ridge.


Terminado el recorrido de la primera fase del parque, nos queda otra atracción no menos interesante, caminar por el Cliff Walk. Ante ti tienes otra apasionante pasarela, en esta ocasión, esta anclada en un acantilado sobre un precipicio de granito.
Aquí la emoción, la ponen una serie de voladizos estrechos, puentes colgantes, escaleras y plataformas, que recorre desde la altura, el Río Capilano. Toda esta estructura se sostiene con tan sólo 16 puntos de anclaje a la roca.
Para llegar a ella, volveremos a cruzar nuevamente el puente. Segunda oportunidad de pisar firmemente y poner a prueba tus nervios, mientras te balanceas en esta simple pero desafiante obra de ingeniería.
El puente original se construyó en 1889, para salvar la distancia y poder cruzar al otro lado del cañón.


Las vistas desde la pasarela metálica del Cliff Walk, a 213 metros de altura son alucinantes. Tanto hacia la propia estructura del gran puente en suspensión, como hacía el cañón, abajo con el paso del río. Sin olvidar, el gran marco de la exuberante naturaleza que rodea todo el conjunto.
Hasta aquí la visita de lo que podríamos denominar esencial. Se unen al conjunto, una muestra sobre la historia del lugar, fotos, enseres, etc…que recrean el pasado de los antiguos dueños y el origen de este sitio. Así como una inclusión en la vida de los primeros pobladores.
Restaurantes y tiendas de recuerdos, culminan una excursión altamente recomendable.



Monte Grouse
De camino al Monte Grouse, incluido en la excursión que contratamos, nos detuvimos en un criadero de salmones. Un interesante centro de información, donde aprender todo sobre los ciclos de vida de esta especie.
La entrada es gratuita y abre todos los días del año. El mayor atractivo de este lugar es visitarlo en otoño, época en la cual, cientos de grandes ejemplares nadan río arriba para acudir al lugar donde desovar.
Ciertamente, se encuentra en un entorno muy bonito, por lo que si estás de paso en una época distinta también es recomendable una visita.

A tan sólo media hora de la ciudad, se encuentra el Monte Grouse. Esta accesible montaña de Vancouver, alberga una de las estaciones de esquí más concurrida de la ciudad durante los meses de invierno.
Por este motivo, estar rodeado de verdes bosques y disfrutar del skyline de la ciudad a tan pocos minutos de esta, hace que esta sea, otra de las atracciones estrella para los visitantes.
Para subir la mejor opción es en teleférico o góndola, como le llaman por aquí, aunque puedes realizar senderismo de montaña. En la primera toma de contacto, te sorprenderán las increíbles vistas de esta preciosa ciudad.
Asimismo, admirarás el brillante Océano Pacífico y las innumerables Islas del Golfo. En nuestra visita, aún encontramos nieve de primavera, eso sí la estación de esquí estaba cerrada.
Este es un importante centro de deportes y distracción popular entre los lugareños y visitantes. En verano se pueden realizar numerosas actividades, como por ejemplo, el senderismo o deslizamiento en tirolina, además de una gran cantidad de propuestas para niños y mayores.


Otro de los grandes atractivos de la cima de esta montaña, que mide unos 1200 metros, es el centro de recuperación de animales salvajes. Este lugar tiene como huéspedes a dos simpáticos osos pardo, que fueron rescatados cuando quedaron huérfanos.
Grinder y Coola, te harán pasar un buen rato, mientras intentas encontrarlos entre montañas de nieve. Junto con una zona boscosa bastante amplia, para que estos animales vivan a sus anchas.


Creo recordar que el billete de la subida individual en la góndola, tenía un precio elevado, por lo que, a no ser que vayas a esquiar o a realizar alguna actividad, te diré que no hay mucho más que hacer en este lugar.
Realmente las vistas son espectaculares, pero quizá el precio de la entrada sea muy alto solo para esto. Recuerda consultar la opción conjunta con el Puente Capilano.
Por otro lado, tienes la opción de subir caminando si estás en buena forma física. Sin embargo, todo dependerá claro está, de los días que le dediques a esta ciudad, y de como planifiques tus excursiones.


De la excursión de hoy, me quedo sin duda con la visita al Parque del Puente Capilano, si has llegado hasta Vancouver no te lo puedes perder.
Otra opción de conocer esta bonita zona boscosa y mucho más barata, es seguir un poco más adelante del parque, donde empieza el Pipeline Trail y el Capilano park. Aquí tienes muchos senderos y algunos puentes, para disfrutar de una fascinante naturaleza río abajo. Y lo mejor, no te costará nada.

Stanley Park 2
De nuevo en el centro de Vancouver, después de haber comido y descansado un poco en el hotel, nos dirigimos nuevamente al Stanley Park. En esta ocasión, accedimos por la que se considera la entrada principal, junto al puerto deportivo.
Antes de entrar en el parque, encontrarás en los alrededores multitud de negocios de alquiler de bicicletas. En la actualidad, también de patinetes eléctricos, que se han puesto tan de moda para hacer turismo en las grandes ciudades.
Contrata aquí una excursión en bicicleta, conocerás este y otros puntos de interés de la ciudad.

Este inmenso parque, como ya te comenté al principio, tiene infinidad de senderos que se introducen en el interior y te brindan la oportunidad de sumergirte en un auténtico bosque a dos pasos de una gran urbe.
Sin embargo, aquí cometimos el error de contratar un paseo en coche de caballos.
En otras palabras, me creé una idea equivocada pensando que el carruaje se introduciría en la espesura del bosque, con la facilidad de ver este jardín gigantesco, y disfrutar igualmente de los paisajes.
Pero la cosa no fue así, el coche de caballos tan solo llega hasta la mitad de la carretera asfaltada que rodea el parque, hace una parada en la muestra de Tótems, da la vuelta por el otro lado de la bahía y vuelve al punto de inicio.
Y todo sin mencionar, el alto precio que tiene esta popular e histórica atracción.

Eso sí, algo relajante resultó el paseo. En él, conocimos a un joven médico recién titulado, cuya abuela había venido a su graduación desde Toronto.
Cariñosamente, le estaba haciendo de guía turístico a este familiar. Tuvimos la suerte, que el joven hablaba un poco español, así pues, mientras el carruaje avanzaba, el simpático muchacho nos iba contando curiosidades del parque y de la ciudad.
Encontramos en este gesto, otro de los alicientes a la hora de viajar. La gente que conoces en el camino y que amablemente te ofrece ayuda o conversación.
En la misma línea, el guía conductor del tour va relatando la historia del parque en inglés.

En resumen, te puedes imaginar la magnifica oportunidad de desconectar y relajarse, que tienen los habitantes de esta ciudad en este gran parque.
De hecho, una de las mejores vistas de Vancouver la observaras desde aquí, lo que te permitirá descubrir uno de los grandes rasgos de esta moderna ciudad, la combinación y el equilibrio de la naturaleza con el conjunto de rascacielos y edificios acristalados.
También, podrás comprobar como además de muchos turistas, también es un lugar muy frecuentado por los lugareños. En patines, en bicicletas y como no, pasear con sus mascotas, por el sendero marítimo del parque.
Te recomiendo que recorras este parque, en alguno de los transportes de alquiler citados anteriormente. Estos vehículos, discurren por un carril diferente al del carruaje y al de los peatones.
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En total son 9 kilómetros bordeando todo el parque, en terreno fácil y llano.



La isla Deadman’s, o isla del Hombre Muerto, se encuentra en la ensenada del puerto Coal Harbour.
Su nombre proviene debido a que en ella se encontraba en la antigüedad, un lugar de entierro de los indígenas. Hasta 1887 la isla fue utilizada asimismo por los colonizadores británicos como cementerio.
Hoy en día alberga una base naval con un museo.

La primera parada en sentido circular, tomando la derecha del parque, es el Brockton Point, donde podrás ver los famosos Tótems. Altísimas figuras de madera que indican que los Primeros Nativos de Canadá estuvieron aquí.
Son reproducciones, puesto que las originales se encuentran en museos para su conservación.
No obstante, sirven para hacerse una idea de como a través del grabado y pinturas de animales, que para ellos simbolizaban fuerzas sobrenaturales, reflejaban su historia.


Si viajas con niños, encontrarás diversas atracciones para ellos. Como por ejemplo, un tren en miniatura que recorre dos kilómetros en forma circular por el bosque. Muy cerca se ubica también el acuario de Vancouver.
Atención también, a los animales que habitan en este lugar, diversas especies de aves harán las delicias de los más pequeños.



Antes de llegar al famoso puente Lion’s Gate, no puedes perderte la escultura a tamaño real de una mujer en bañador.
Está esculpida sobre la roca de tal manera que cuando sube la marea, parece que está flotando sobre el agua. Me resultó familiar, tiene un gran parecido a la sirenita de Copenhague.

Un poco más adelante, siguiendo por el paseo, se encuentra Siwash rock. Mas conocida como la roca de los nueve alfileres, esta mole de origen volcánico tiene 32 millones de años de antigüedad y mide más de 15 metros de altura.
Para los Squamish, antigua civilización indígena, una leyenda rodea el origen y el nombre de la roca. Cuenta esta leyenda, que los espíritus transformaron a un hombre en roca como símbolo de la paternidad.

Al salir del frondoso bosque, donde predominan los gigantes Abetos Douglas y Tuyas, atraerá a tu mirada el poder de la exuberante vegetación de la jardinería ornamental.
Te sorprenderán con su belleza estas áreas especialmente diseñadas con plantas, con el propósito de dar placer estético.
Multitud de arriates con colores vistosos y alegres, pérgolas con olorosas enredaderas y las tan soñadas rosaledas.
Hermosos diseños donde ganan en poder los grandes árboles, como los sauces y la belleza de los arces japoneses.
Sin duda, este es el rincón que mas disfruté, dada mi pasión por la jardinería.



Hasta aquí, nuestra segunda incursión en el famoso parque. Ya has visto que no te lo puedes perder. No obstante, quiero advertirte que debes dedicarle bastante tiempo.
Pues son muchas las opciones de disfrute que te ofrece, y que junto al resto de atracciones, harán que tu visita a la ciudad de Vancouver, resulte inolvidable.


Vancouver cultural
Dando un paseo antes de volver al hotel, visitamos la zona cultural de la ciudad.
Aquí se ubica la Galería de Arte de Vancouver, en un impresionante edificio de estilo neoclásico originariamente construido en 1906.
Cerca de 9000 piezas alberga en su exposición, siendo una de las galerías más importantes del país.

Otras atracciones interesantes que ver y hacer en Vancouver;
- Museo de Antropología que contiene uno de las representaciones de mejor calidad de las Primeras Naciones que hay en el mundo.
- Jardín Botánico VanDusen, considerado uno de los 10 mejores jardines públicos en Norteamérica.
- Chinatown y Gastown, este último es un popular barrio, que cuenta con antiguas casas victorianas cuidadosamente restauradas. Arquitectura que le aporta al vecindario un toque fino y elegante, con tiendas y boutiques. Además, encontrarás aquí el afamado reloj de vapor situado en Water Street. Y un edificio del año 1890, perteneciente a los grandes almacenes de la Compañía de la Bahía de Hudson. Conoce más con este tour.

Por último, te muestro el increíble edificio Canadá Place, donde lo más llamativo corresponde a su cubierta, un techo con forma de cinco velas de barco.
Junto con su curiosa fachada es uno de los emblemas de la ciudad, y es por ello una de las cosas que ver en Vancouver.
Nosotros lo disfrutamos en la mañana de nuestro última jornada. Situado en Waterfront, alberga entre otros un centro de convenciones, un hotel, oficinas y tiendas, además de la terminal de cruceros Port Metro Vancouver.
Aquí tuvo lugar el comienzo, de la segunda parte de este espectacular viaje por el continente americano. Y el motivo principal de nuestra visita a esta ciudad.


Antes de concluir, te diré que nos gustó mucho el ambiente que encontramos en esta zona.
No solo la frecuentan pasajeros como nosotros a punto de embarcar, sino también, es el lugar de encuentro de numerosos trabajadores que realizan una pausa para comer.
Desde este punto, no te pierdas las espectaculares vistas de las montañas que rodean Vancouver. Así como de los rascacielos, otro de los iconos representativos de esta moderna metrópolis.


Ya en la cubierta del barco, con la emoción y las ganas de descubrir otro maravilloso destino, echamos la vista atrás, para descubrir que no podíamos estar en mejor lugar.
Desde allí se podía contemplar toda la inmensidad del Parque Stanley, además de la belleza singular del Skyline de Vancouver.
En conclusión, nos quedamos con grandes momentos para el recuerdo. Te digo más, nuestra corta estancia en Vancouver, merece un alto puesto de lugares interesantes para visitar.
El motivo no es otro, que la gran cantidad de opciones que ofrece para el disfrute y la diversión, sobre todo en escenarios naturales.
Como resultado, la sitúan en lo alto en la escala de momentos felices.


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Para ver el resto de excursiones que realizamos desde Vancouver, mas el recorrido escénico hasta Alaska y el espectacular viaje a las montañas rocosas de Canadá continúa por aquí;






